sábado, 19 de julio de 2008

Problemas en la traducción del manga al español ** PARTE I**

PROBLEMAS EN LA TRADUCCIÓN DEL MANGA AL ESPAÑOL
Por Casandra
En primer lugar, la traducción del manga (historieta japonesa) a nuestra lengua no requiere gran ciencia.
No porque no se deban tener todos los cuidados posibles para traducir, o porque no se necesiten estratagemas, metodologías o estar empapados de la cultura japonesa, sino porque en realidad a las editoriales eso no les interesa.

Las “benditas” editoriales que se dedican a la publicación de manga en español (la más famosa es Glénat en España), no se muestran para nada interesadas en una buena traducción, sencillamente en cuanto compran los derechos en tal o cual país, nadie más puede vender otra versión traducida, ni mejor ni peor.
Por supuesto, nadie se da cuenta de las cosas hasta que llegan conocedores, tanto de la lengua como de costumbres y tradiciones del japonés, y se dan cuenta de que algo no marcha del todo bien.

Y es que hay que ver los errores que algunos traductores cometen, viñetas completas en las que no hay coherencia entre diálogo y acción.

Algunos de los problemas con los traductores es que la mayoría de ellos no pueden elegir el manga a traducir, les dan a escoger entre los disponibles para la editorial en que trabajan, por lo cual, algunos tienen que aguantar mangas aburridísimos (para ellos) y traducir con desgano.

Conseguir las licencias de mangas, ya no está en chino sino en japonés, y es que los mangakas (los que hacen manga) son gente extraña, cerrada, y muy protegida por las editoriales japonesas.
Aunado al alejamiento que hay con la lengua (que es de por sí lejana desde el momento en que ni siquiera son grafías las que se utilizan para escribir, sino ideogramas), tenemos el de los autores: es casi imposible hablar con ellos; entonces, ¿qué queda? Intentar traducir por cuenta propia.

El manga comenzó con el arte del grabado. Los cuenta cuentos antiguos llevaban grabados consigo y narraban historias que les venían a la mente al verlos. Desafortunadamente, ellos no podían estar en varios lugares al mismo tiempo, por lo que empezaron a escribir las historias a un lado o al reverso del grabado, estos se copiaban y así fue como empezó todo.
Con la llegada de la imprenta, la distribución se hizo aún más grande convirtiendo al manga en el llamado “único arte serial japonés”, el resto es historia.

Debo agregar que el japonés promedio es una persona muy tradicional: las obras del mangaka, pese a tener un bagaje intercultural muy grande, se basan más en las ideas de su propio país.
Al crear un manga, el mangaka, en lo último que piensa es en si será leído por foráneos, por lo que el primer problema que enfrenta el traductor es el de la ‘intraducibilidad’ cultural. Como dice Alberto Ballestero: “Un traductor es un mediador cultural, una persona que vive a caballo de dos o más culturas; su vida transcurre en la frontera de las cosas, de las lenguas, de las historias, de los hechos…” Está en manos del traductor saltar esa barrera y seguir adelante.


Uno de los problemas a los que se enfrentan los traductores de historieta (en general), es que deben evitar ofrecer traducciones explicativas, ampliaciones o notas al pie; esta excepción ha quedado descartada en el manga, que se congratula en exhibir cuantiosas notas aclaratorias para que sea fácil seguir el hilo de la historia.

No sólo se utilizan notas cortas, como en la imagen de arriba, sino que, en las últimas páginas, numerosas editoriales se dan el lujo de hablar acerca de las cosas particulares de Japón, a fin de meter en contexto al lector.

La mayoría de los textos japoneses, tienen palabras que simplemente no existen en nuestro idioma, y se ha dado, casi por convención, el permitir estas palabras en el idioma original (claro, escritas fónicamente con nuestro propio alfabeto), dejando una pequeña explicación en algún lugar del cuadro, donde no corte alguna imagen.

Los juegos de palabras son, muchas veces, intraducibles; esto es, que no tienen una equivalencia en nuestro idioma.
En un libro, sin más problemas, podríamos utilizar diversos recursos (como la nota al pie), o intentar hacer la explicación y compaginarla con el texto, o incluso pasar de esa parte y omitirla (eso recae ya sobre la ética del traductor); con el manga, como con la historieta en general, esto no es posible.
Si intentásemos hacer toda la explicación del juego de palabras, podríamos usar demasiado espacio, y en la historieta sólo se tiene el espacio determinado por “los globos” o “bocadillos” para hacerlo.

Omitir esa parte traería como consecuencia la pérdida de seguimiento de la historia, sin contar con que simplemente sería imposible omitir toda imagen que tenga que ver con ese comentario en particular.
Lo más factible en ese caso sería la nota al pie de la viñeta, pero tendría que ser corta, como en la imagen pasada. Ejemplos de juegos de palabras hay miles, y la mayoría están relacionados con los nombres propios.

Clickea aqui para ir a la segunda parte del artículo.

Imágenes:
Apple Cheek de Maki Usami
Wallaby de Kiyohiko Azuma

3 comentarios:

Dummiest popcorn girl in the world dijo...

Por eso prefiero la traducción en los mangas de los grupos de scanlations en inglés, snif, en español casi no hay ninguno lo suficientemente bueno.

Arshes dijo...

Si,pero no sólo en los grupos de scanlations, lo peor ocurre cuando en publicaciones hechas y derechas te encuentras esos mismos errores.

Saluditos a todos!

..::Casandra::..

Alessa dijo...

Es muy complicado traducir; cualquiera que lo haya hecho en serio de da cuenta de ello.

A diferencia de traducir inglés o francés, la traducción japonesa tiene, además de los problemas clásicos, un bagaje de cultura oriental que, los de occidente, ni imaginamos.

A quienes nos gusta la cultura nipona, hemos aprendido algo ese mundo de tanto que nos repiten qué es el "Hanabata", un "onigiri" o un "poki", el uso de las terminaciones "-kun", "-chan", "-san", "-sama" y muchos datos más. Sin embargo, me he percatado que nos molestamos cuando vemos un manga que nos vuelve a explicar qué es "sempai" o queda incompleta la definición de, por ejemplo, "futón" o "tatami".

Es complicado tener un equilibrio. Hace como un año, leí "Amurita" (O "Amrita", según las versiones españolas) de Banana Yoshimoto y me enfurecía el que viniera de regalo un separador con vocablos muy mensos que creía innecesarios. Sin embargo, cómo quise un separador de términos específicos cuando leí a Akiyuki Nosaka, autor del libro de "La Tumba de las Luciérnagas" -la edición estaba acompañada con la bellísima novela corta "Las algas americanas".

Supongo que, como siempre, a unos nos sobra y a otros nos falta conocimiento del mundo oriental. Bravo para quienes se lanzan a traducirlos con verdadera entrega y encuentran la manera justa de traducir historias con o sin dibujos.

 
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