jueves, 12 de marzo de 2015

La generación de ‘Sailor Moon’: la evolución de los dibujos animados japoneses sobre chicas con superpoderes

Por Sugawa Akiko


Los dibujos animados japoneses protagonizados por chicas con superpoderes como Sailor Moon o Pretty Cure gozan de popularidad en todo el mundo. Estas heroínas, basadas en las brujas de películas y series occidentales, han evolucionado de forma singular, y a través de ellas podemos ver la lucha de las mujeres japonesas en torno a las cuestiones de igualdad de género. 

Sally y Akko-chan, las primeras brujas de la televisión japonesa 

El perfil de las protagonistas de los dibujos animados sobre chicas con superpoderes suele ser siempre el mismo: son patosas, no les gusta estudiar y, para colmo, los deportes se les dan mal. Sin embargo, la magia les permite transformarse, casi de repente, en unas heroínas bellas y fuertes que se enfrentan a sus enemigos con gallardía.

El gran éxito cosechado en todo el mundo durante la década de 1990 por la serie Sailor Moon sirvió para que se reconociera, tanto en Japón como en el extranjero, la existencia en el mundo de la animación de las chicas con superpoderes, unos personajes que cambiaban de apariencia gracias a la magia –esto incluía maquillaje y una indumentaria más elegante– y se enfrentaban con valentía a sus enemigos sirviéndose de objetos mágicos como varitas y bastones. Sin embargo, cuando este tipo de dibujos animados apareció por primera vez en la televisión japonesa en la década de 1960, el aspecto de las protagonistas distaba de la imagen actual de las heroínas mágicas.

Para empezar, expliquemos fácilmente la historia de las series de dibujos animados protagonizadas por chicas con superpoderes. La primera heroína que empleaba magia llegó a la pequeña pantalla en 1966: en Sally la bruja (conocida también como Sally la maga), la princesa Sally, procedente del país de la magia, llega al mundo de los mortales, donde vive bajo el nombre de Sally Yumeno y siempre se mete en líos. La serie es famosa, además, por ser la primera de producción nacional orientada al público femenino.




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La transformación de los personajes en su yo adulto 

Hasta la década de 1980, el actual estudio de animación Toei era el principal creador de este tipo de series protagonizadas por personajes femeninos con poderes mágicos, pero a partir de esa época otros estudios comenzaron también a embarcarse en tales producciones. Las aventuras de Gigi (1982) no solo contaba con fans entre el público femenino, sino que también conquistó a la audiencia masculina; lo mismo ocurrió con Creamy Mami, The Magic Angel (1983-1984).
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El yo maduro o la personalidad de uno tal cual es. Para las chicas, el mundo de los adultos está lleno de atractivos, pero ser adulto todo el tiempo también tiene sus complicaciones. Para ellas, la magia es una forma de afirmar su personalidad y expresarse, algo que consiguen al experimentar que pueden hacerse mayores, más que el hecho en sí de convertirse en adultas. La época de estas series, la década de 1980, pasó a conocerse como “la edad de las mujeres” por la labor de algunas japonesas en ámbitos diversos: en política destacó, entre otras, Doi Takako; en cultura, la cantante Matsuda Seiko y el grupo musical Princess Princess. Además, en 1985, entró en vigor la Ley de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, y con ella se abrió camino una edad de leyes igualitarias. El discurso sobre la mujer iba asociado a la esperanza. En este contexto, las chicas con superpoderes comenzaron a enfrentarse afirmativamente al modelo de “sexualidad” y “belleza”, debido a la magia que va más allá de la separación entre su personalidad verdadera y la mujer joven en la que ansían convertirse.

Sailor Moon y el “girl power“

En la década de 1990 hace su aparición Sailor Moon (1992-1997), una serie representativa de los dibujos animados protagonizados por chicas con superpoderes que dio al mundo la imagen típica de las heroínas que se transforman en la lucha: se cambian a un disfraz mono, se ponen algunos accesorios y se sirven de algún utensilio –por ejemplo, un bastón o una varita– para liberar la energía mágica con la que derrotar a sus enemigos. Al principio de la historia, la protagonista, Bunny Tsukino (conocida también como Serena Tsukino), responde al prototipo de Atsuko, pero más tarde se descubre que en realidad es como Sally, ya que resulta ser la princesa de la Luna renacida. Sailor Moon, que combina los prototipos de Sally y Atsuko, incorporaba elementos como la presencia de varios protagonistas (un equipo de cinco), transformaciones con cambios de vestuario, combates y el tema de la maternidad. Además, Sailor Moon introducía el formato de dos famosas series de efectos especiales del estudio Toei, Space Cop y Super Sentai. En la industria discográfica en Europa y Norteamérica, la década de 1990, época en la que Sailor Moon se convirtió en todo un éxito, es sinónimo del popular fenómeno del “girl power“; en aquel entonces, varias intérpretes jóvenes cantaban canciones en las que se hacía énfasis en el poder de las mujeres de forma semejante al movimiento feminista.

Las protagonistas de Sailor Moon, que luchaban por sí mismas sin recurrir a la fuerza de los hombres (Tuxedo Mask, conocido también como el Señor del Antifaz, las ayuda, pero su presencia se va reduciendo gradualmente) representaban el “girl power” de Japón. Además, estas heroínas se cambian a un uniforme escolar de marinero, se ponen accesorios, se pintan las uñas y les crece el pelo; el aspecto de su transformación no es apropiado para la batalla. En este sentido, difiere de personajes de series como Kamen Rider o Super Sentai, que por norma general se transforman para acentuar su personalidad. Ellas lo hacen para subrayar características propias de su condición de mujeres como la belleza y la sexualidad. La belleza y la sexualidad simbolizan el poder de la mujer, por lo que se elimina la dicotomía entre ser mona y ser fuerte. Esto supuso un cambio de paradigmas realmente significativo. No obstante, no debemos olvidar que en Sailor Moon surge el amor entre Armando (Darien) y Bunny Tsukino (Serena Tsukino), y se presenta, junto al poder, la metáfora de la maternidad –Chibiusa, también conocida como Rini, es hija de ambos–. Este es un factor que marca la diferencia entre las series japonesas protagonizadas por chicas con superpoderes y las de Europa y Norteamérica, pero hablaremos de ello más adelante.

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